Introducción

El centro comercial es algo actualmente integrado en el conocimiento y la cultura de Occidente. La mayor parte de la población del primer mundo actual, guiada por referentes estéticos, visuales y ambientales, puede decir que ha estado en uno de ellos, e incluso que ir es parte de su cotidianidad, pero realmente ¿saben qué es?, ¿o de dónde viene?, o incluso si ¿es sostenible en nuestro modelo de vida a largo plazo?.

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En la última década ha aparecido una abundantísima lista de escritos dedicada a analizar y comprender este tipo de aspectos y como llegaban a transformar nuestro entorno en el ámbito económico, social, cultural y ambiental. Y cuyas características forman parte del marco de la era postmoderna. Una de las más relevantes, herencia de su evolución del modelo americano, o mejor dicho, del sistema capitalista en el que estamos inmersos en el primer mundo, es la de modelar su espacio para crear entornos ilusorios y utópicos donde la gente se sienta tranquila y relajada a la hora de consumir. Cosa que por otro lado, se ha transformado en algo básico desde la transición de la revolución industrial, hasta nuestros tiempos.

Origen

Su origen data de principio de siglo XX, y surgió en Estados Unidos como respuesta a una necesidad. Las ciudades estadounidenses eran , y son, grandes dimensiones, cuyos equipamientos no la acompañan en toda su extensión. La actividad va apareciendo en lo que comprendemos que son los centros neurálgicos de la ciudad, esto significa que en la periferia del área metropolitana, el espacio público es solitario y reina la inactividad. El protagonismo del problema en gran número de ciudades estadounidenses, impulsó a Victor Gruen, arquitecto nacido en Viena, para proponer un modelo de centro metropolitano o suburbano, que supliese esa inactividad y crease un espacio de relación para todos estos lugares, cuyas características dominantes era la inactividad del espacio público y la lejanía al centro urbano.

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Estos centros metropolitanos mantenían en todo momento una conjunción de usos (bibliotecas, oficinas, espacios deportivos, cine, equipamientos comerciales, etc.), y su distribución era realizada mediante un criterio determinado, pero a lo largo de los años 50, la idea, con gran nivel de aceptación, se desarrolló con una fuerte influencia de los promotores y los grandes comerciantes. La evolución derivó en lo que hoy en día conocemos como centro comercial, cuyo fin radica en el consumo y no tanto en equipar a zonas desprovistas de actividad. Los centros comerciales integraban estudios psicológicos de todo tipo para captar la atención de la gente y hacer el ir a uno de ellos un gran evento, cosa que se consiguió. Los centros comerciales ordenaban su espacio mediante ejes y plazas de grandes dimensiones, donde el usuario se sentía minúsculo y desorientado, y en cada uno de estos aparecía vegetación, con un mensaje psicológico de organicidad y crecimiento o de naturaleza, y en numerosas ocasiones láminas de agua que recordaban a la pureza, como vemos, todos estos símbolos, si funcionaban era por la religiosidad en la que estaba inmerso la mayoría de la gente, y en otras culturas no hubiera sido igual.

Por otro lado, habría que explicar de dónde proviene o cual es la referencia que tomaron los pioneros diseñadores de centros comerciales para hacerlos.

Las ciudades europeas disfrutaban, ya desde hacía casi medio siglo, de toda esta actividad que buscaban los arquitectos y urbanistas de Estados Unidos, por lo que Victor Gruen, junto con otros muchos, analizaron las ciudades europeas para poner en práctica en sus diseños conceptos que darían las claves del éxito a sus construcciones.

Poco después, las ciudades europeas comenzaron a observar cómo iban proliferando este tipo de infraestructuras, sobre todo por su éxito comercial. Y como se habían convertido en templos del consumo.

Pero no fueron todos los países europeos los que adaptaron esta idea al modelo de ciudad del que disponían, totalmente diferente al estadounidense, y no todos gestionaron y regularon la introducción de esta nueva infraestructura en su tejido urbano, por lo que el desequilibrio y el conflicto llegaría en algunas décadas.
El desequilibrio hoy en día está presente en estos modelos urbanos, siendo buen ejemplo muchas ciudades españolas, carentes de una buena gestión de centros comerciales, ya que el éxito comercial y el beneficio económico que conlleva para promotores, ayuntamientos y otros propietarios, hace que su expansión sea mucho mayor que la reflexión sobre los impactos e implicaciones de los centros comerciales en el tejido urbano y en la actividad de las ciudades.

Centrándonos en el caso de España, los centros comerciales han supuesto un cambio radical de muchas de sus ciudades en muy poco tiempo, y se han convertido en una infraestructura esencial a muchos niveles.

Por esto debemos estudiar los casos de aplicación, donde el resultado de la intervención ha sido positivo, y extraer esta información para comprender las claves del éxito.

En este artículo estudiaremos tres referencias, cada una es un caso diferente, pero todas son válidas y han triunfado en sus campos de aplicación.

 

 

 1.       Barcelona

En 1987 en Barcelona fue aplicado un plan urbanístico que definía 10 áreas de centralidad, que controlarían la expansión de la ciudad. Este plan fue implantado por Joan Busquets, quien dirigía el área de urbanismo en el ayuntamiento. Los puntos definidos, deberían convertirse en los núcleos de actividad de Barcelona (reforzando el carácter de centralidad del sector).

Su distribución se realiza de manera estratégica, para que ofrezcan ocasiones de singular potencial de aprovechamiento y un valor añadido por su posición. En el año 1992, tuvieron lugar en Barcelona los juegos Olímpicos, por lo que en la planificación urbanística, entraron en juego dos zonas no consideradas en un principio.

Así los núcleos después de la modificación de 1992 eran: Diagonal-Sarrià, Carrer Tarragona, Renfe-Meridiana, Plaça Cerdà, Vila Olímpica, Port Vell, Glòries, Vall d’Hebron, Sagrera, Diagonal Mar, Montjuïc y Diagonal-Pedralbes.

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La posición periférica que les caracteriza ha de justificar una actuación para cualificarlos, aplicando los valores de urbanidad de aquellos sectores normalmente subequipados.

A día de hoy puede decirse que esta estrategia ha funcionado ya que estas zonas periféricas de Barcelona son áreas consolidadas de la ciudad y que 7 de ellas comenzaron su desarrollo con un centro comercial que ayudó a impulsar el crecimiento planeado.

Barcelona además de estos, tiene unos 17 centros comerciales, cuyo tratamiento ha sido específico y regulado dependiendo de las características que envolvían a cada uno de ellos. Ya sea reforma de elementos históricos, como el de “Las arenas”, como equipamiento de zonas periféricas o zonas alejadas de la ciudad. Pero siempre midiendo la capacidad de demanda del área para poder formular la oferta con mesura.

Esta medición muestra que Barcelona, al ser una ciudad de grandes dimensiones, entre otros factores, alberga a una gran población con poder económico suficiente para establecer una gran demanda, y así absorber con facilidad mucha actividad comercial. Lo que razonablemente, explica que sea capaz de tener numerosos centros comerciales sin competencias extremas y destructivas, o impactos negativos e inesperados en el tejido urbano.

 

Factor Económico

Entre las estrategias que rigen a nivel económico en Barcelona, se encuentran los estudios intensivos del lugar y el cómo implantar el centro comercial en el entramado de la ciudad.

Tras esto deciden colocar centros comerciales en los puntos antes citados, con potencial para transformarse y generar gran actividad.

A nivel comercial todo esto fue posible gracias al dinero proveniente de inversores privados, que además de posibilitar construir los centros comerciales y la infraestructura que precisaban, invertirían en publicidad y otros medios que generarían rápidamente comercio donde escasamente había.

El éxito que obtuvo este tipo de actuaciones, incitó a otros promotores a realizar similares estudios para colocarse en puntos estratégicos o incluso reformar patrimonio existente para dotarlo de utilidad comercial.

 

Factor Cultural

Cuando comenzó a funcionar y a ser productivo el plan puesto en marcha en 1987, en conjunto con la exportación del modelo de centro comercial estadounidense, el Ayuntamiento de Barcelona se percató del crecimiento y la regeneración exponencial, que estaban experimentando todas estas zonas donde se había actuado sin excepción, fue entonces cuando comenzó su labor de regulación y gestión de las grandes superficies dentro de la ciudad de Barcelona. Ya que era consciente del triunfo que había supuesto el implantar un centro comercial, pero con la masificación de estas superficies, se obtendría el resultado contrario.

Así que en 1997 Cataluña entera, decide frenar drásticamente la apertura de grandes superficies de centros comerciales y durante cuatro años sólo permitirá que la superficie total de éstos aumente un máximo del 0,75% anual (frente al crecimiento del 7% de los últimos años). Esto supondría de frente a los pequeños comerciantes una oportunidad para aprovecharse del dominio del mercado y conseguir ser competentes, ante la oferta de estas grandes superficies.

El ayuntamiento de Barcelona incentivó estas iniciativas con los decretos de libre comercio, el cambio de restricciones en los horarios comerciales, la agilización de la burocracia cuando un autónomo deseaba abrir un negocio, etc. y hasta hoy ha conseguido transformar el entorno urbano y la imagen de la ciudad de manera que los centros comerciales están funcionando con naturalidad y sin desequilibrios en los ejes comerciales de la ciudad.

 

Factor Medioambiental

Gracias a la homogeneización de la actividad entre todos los núcleos o nodos que se dispusieron en el plan original y sus ejes comerciales, Barcelona reduce considerablemente el uso de vehículos de tráfico rodado y por tanto las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Los beneficios medioambientales son realmente bienes colaterales producto de la buena gestión y la actividad repartida por toda la ciudad para reducir los desplazamientos. Contando además con una buena red de transporte público que reduce, todavía más el uso de vehículos privados.

También el trazado de la ciudad ayuda a su recorrido, ya que plantea ejes que conectan toda la red de la ciudad sin necesidad, generalmente, de atravesar zonas no deseadas y que esto pueda ser un obstáculo para el peatón.

 

Factor Social

A nivel social, la mayoría de la población actual de Barcelona, prefiere realizar sus compras siguiendo criterios de cercanía a su lugar de residencia y de selección por calidad del producto, y dejan de lado a los centros comerciales y al centro de la ciudad. Esto significa que no solo se ha conseguido gestionar la cantidad de comercio por parte del sector de los centros comerciales y por parte del pequeño comercio, sino que también se ha conseguido igualar a esta la respuesta de la población y esto es lo que mantiene la red de actividad equilibrada y así la competencia no degrade a uno de los dos sectores.

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Aunque hay otro factor que interviene en el mantenimiento del equilibrio, y es la potencia del sector de turismo en Barcelona. Por lo que el Ayuntamiento es muy consciente de que deben mantener una gran oferta hacia los turistas y mantener y mejorar su imagen de ciudad (cosa que consiguen con la regulación del comercio).

2.       Pamplona

Situación de Pamplona

En el área metropolitana de Pamplona cabía destacar una Ciudad Central, Pamplona, y dos cinturones con asentamientos que se han ido desarrollando en diferentes momentos de los años 90. Juntos suman un total de 18 localidades.

El primer cinturón estaba constituido por seis municipios dispersos de manera desordenada y alejados de los núcleos originarios de la población, debido a que en ese tiempo, la inmigración de Navarra, llegaba y se asentaba sin prestar gran atención a los núcleos. Y el segundo cinturón, simplemente eran municipios dispuestos en este al estar más alejados. Actualmente la configuración es parecida y los cinturones poseen rondas de circunvalación, que permitieron un mayor crecimiento en los años 80, que se intensificó en los 90 con el boom inmobiliario y teniendo en cuenta que, en la Comarca de Pamplona se concentra el 52,6% de las personas que viven en Navarra, y por otra parte el municipio de Pamplona acoge al 63,5% de la población de la Comarca, se evidencia el carácter de centralidad que posee Pamplona.

Fue aquí donde se comenzaron a plantear la situación de los centros comerciales.

 

Adoni Iso Tinoco “Los cambiantes imaginarios sociales sobre la ciudad. Los centros comerciales y la restructuración del área metropolitana de Pamplona”

Defendida en la Universidad Pública de Navarra, Andoni Iso Tinoco, Licenciado en Sociología por la Universidad Pública de Navarra y Master en investigación participativa para el desarrollo local, por la Universidad Complutense de Madrid, presenta una tesis en la que explica que la ciudad de Pamplona se ha transformado en estos últimos años, y de ser percibida como una ciudad-pueblo o ciudad de barrio, ha pasado a ser considerada una urbe dispersa estructurada en torno a los centros comerciales o un área metropolitana. Y defiende que uno de los factores determinantes en esta transformación ha sido su estructuración en torno a los nuevos centros comerciales construidos en los años noventa.

Andoni explica la relación entre los procesos de implantación de los nuevos centros comerciales en el área metropolitana de Pamplona y los cambios en los imaginarios sociales existentes sobre la ciudad.

Él expone que los centros comerciales se han convertido en algo emblemático dentro del tejido urbano de Pamplona, ya que dota de identidad de barrio y estructuración tanto de crecimiento como de actividad el que haya un centro comercial presente en cada uno de los núcleos principales de actividad. Andoni replanteó los prejuicios de finales de los años 90, donde los centros comerciales se percibían como una amenaza para el modelo de relaciones entre las diferentes zonas de la ciudad.

“Pamplona ha pasado de ser percibida como una ´ciudad como un pueblo` o una ´ciudad de barrios` a un área metropolitana cada vez más amplia y dispersa donde los centros comerciales construidos a partir de la década de los 90 ocupan un lugar fundamental en la definición de la misma. De este modo, estos centros comerciales se presentan no sólo como herramientas de reestructuración urbana sino que se configuran como la metáfora fundamental para iniciar tanto procesos de renovación del interior de la ciudad, como el desarrollo de nuevas zonas residenciales, en un área metropolitana que busca adaptarse a las condiciones de la nueva economía-mundo”

Esta es una de las conclusiones de su tesis.

 

El porqué de la transformación

Antes de que los centros comerciales se hiciesen un hueco entre las red urbana de Pamplona, esta era considerada como una ciudad pequeña, verde, equilibrada y con una buena calidad de vida. Una buena calidad de vida pero en resumidas cuentas aburrida. El imaginario, como Andoni Iso llama a la cultura social y sus relaciones en el tejido urbano, de Pamplona, corresponde a dos tiempos diferentes, la ciudad pre-fordista y la ciudad fordista.

Pero con los años 90 nació otro imaginario que toma como referencia la metrópoli dispersa, y en este caso los centros comerciales ayudan a configurar sus características. Este nuevo imaginario está fundamentado en la accesibilidad, la seguridad, el espectáculo, la orientación de todo el espacio hacia el consumo y en la construcción de una ciudad policéntrica, organizada a partir de estos espacios de consumo.

Es por esto que los centros comerciales, desde que se comenzaron a plantear, buscan una imagen de espacio de consumo, que la población ha empezado a relacionar con los estilos de vida urbanos. Esta asimilación de la imagen, fue indispensable para la evolución de la propia ciudad, ya que los ciudadanos son los que daban sentido a las transformaciones urbanas, basadas en núcleos de actividad.

En este punto, los ciudadanos y sus interacciones sociales se convierten en algo fundamental para el cambio de la ciudad, pero son los centros comerciales los elementos clave que introducen cambios ya que se ha convertido en algo muy relevante en la vida de las personas.

 

¿Cómo transforman los centros comerciales la imagen de la ciudad?

En la era postmoderna, en las ciudades se producen cambios determinados por nuevos espacios, a los que podemos llamar no lugares. Los centros comerciales son considerados como tales, y son visibles los cambios que producen en cada una de las redes urbanas en las que se instalan.

El concepto de espacio es el gran tema que en la ciudad postmoderna se trata continuamente, este término se ha estado definiendo desde antes de los años 90, como un espacio de flujos, un espacio fragmentado y comprimido, o como un espacio sobreabundante, con múltiples espacios diferenciados, independientemente de la distancia que haya entre ellos, y comienzan a aparecer espacios propios que hasta ahora no tenían mucha relevancia. Ahora el individuo pierde el papel principal en la construcción del espacio y son estos espacios con identidad propia carentes de historicidad, no relacionales y sin sentido del lugar los que toman el protagonismo.

La evolución de la ciudad se deja en manos de estos “no lugares”, por lo que la ciudad se fragmenta en segmentos funcionales conectados entre sí, y con ella la experiencia de estas mismas. A su vez, se crean flujos entre estos y se crean espacios de circulación. A toda esta infraestructura de espacios se le da un sentido comercial, donde los mecanismos de funcionamientos son las personas, las mercancías, le dinero y el espectáculo.

Antes la producción daba sentido a la vida cotidiana y era un motor de cambio, pero ahora esta es relevada por el consumo y el sentido de todo se construye a través del deseo de mercancías.

Los centros comerciales se pueden considerar como no-lugares, además de resaltar otros aspectos sobre la experiencia que se pueda tener de ellos. Desde diferentes perspectivas podemos ver que todos apuntaban en una misma dirección:

“Los centros comerciales pueden ser considerados como un espacio público, seguro, de encuentro de personas y grupos y socialización y de escape” (Jacobs, 1984).

“Espacios de circulación de personas y capitales en una búsqueda de maximización del beneficio y la rentabilidad de las inversiones. Espacios del espectáculo, que necesitan los nuevos medios de consumo para eliminar el desencanto que generan los sistemas altamente racionales” (Ritzer, 2001), desde una perspectiva neoweberiana.

“Los centros comerciales forman parte central de sociedad del espectáculo donde la reproducción social se da a través del espectáculo mismo, de su producción de signos e imágenes y el consumo de éstos, que asegura tanto el modo de producción como su supervivencia”, desde la perspectiva Situacionista (Debord, 1969).

Es por esto por lo que los centros comerciales, antes planteados para las zonas no equipadas de la periferia de las ciudades, ahora formaban parte de planes urbanísticos para revitalizar zonas del propio tejido urbano y sustituían lugares públicos.

En la propia ciudad de Pamplona encontramos 4 núcleos principales a partir de los cuales se establecen conexiones y flujos formando una red comercial y de ocio que abarca toda la ciudad. En primer lugar encontramos la Zona Centro, justo en el centro de la ciudad y compuesta del Casco Viejo y el II Ensanche, cuyo comercio antes se caracterizaba por ser pequeño comercio familiar, especializado y disperso, pero en la actualidad, poco a poco se ha ido sustituyendo por grandes franquicias y se ha convertido en una especie de centro comercial abierto, junto con la construcción del Corte Inglés; abrazando a la Zona Centro, se distribuyen en su perímetro otros tres núcleos de actividad, cada uno con un centro comercial que transformó la imagen y el urbanismo en general del lugar, estos son, la Zona Noroeste, la Zona Sur y la Zona Este.

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Estos centros comerciales influyen en las zonas donde están situados creando puestos de trabajo, modernizan el sector del comercio, una mayor oferta de servicios, unos precios bajos por la mayor competencia y un aumento en las plazas de aparcamiento, lo cual facilita la accesibilidad a la zona.

Como efecto que mucha gente considera negativo, derivado del triunfo de los centros comerciales, es la sustitución de los hábitos de ocio de la población en Pamplona, ya que un gran porcentaje de la población ha cambiado sus paseos y recorridos por el monte y los jardines, por paseos por calles comerciales y centros comerciales, con lo cual Pamplona, desde hace un par de décadas, comenzó a desprenderse de la imagen de ciudad en comunicación con la naturaleza, por la de ciudad de comercio y ocio. Y esto no es realmente un producto del cambio en la morfología urbana, sino del cambio de los hábitos de los habitantes.

Con lo cual, los centros comerciales reúnen en efecto todas las características de los “no lugares”. Por un lado no son espacios de identidad, ni siquiera para los trabajadores, y por otra parte el acto de consumir se convierte en el objeto central y lo que da sentido a todo, y no tanto donde se adquiere el artículo.

 

Factor Económico

Pamplona basa su transformación urbanística en la creación de núcleos de actividad, en las zonas de referencia de la ciudad, mediante la creación de un centro comercial en este que revitalice el comercio y transforme su entorno. Esto significa que el capital invertido proviene del ayuntamiento y de promotores privados, y de la gestión de estos ingresos dirigida ampliar las posibilidades de éxito del centro comercial situado en la zona.

 

Factor Cultural

En Pamplona, el concepto del “no lugar” de la postmodernidad ha calado en profundidad, por lo que todas las transformaciones en la red urbana, van dirigidas a crear una red de actividad fragmentada por toda la ciudad, multiplicando los puestos de trabajo en el sector comercial y dotando a la ciudad de una imagen totalmente diferente a la de unos años atrás.

 

Factor Medioambiental

Mediante esta transformación urbana en Pamplona, los efecto que se obtienen medioambientalmente son negativos, ya que se produce un aumento de tráfico rodado (y por tanto la maximización de la producción de CO2), y una pérdida de la concienciación ciudadana con el espacio verde, que antes se consideraba una actividad de ocio el disfrutar de estas áreas y ahora se sustituye por los paseos por zonas comerciales.

 

Factor Social

En todo el proceso de cambio que sufre la ciudad, hay una conciencia o ideología social que va creciendo entre la población, que es fundamental para que la transformación urbana tenga resultados positivos. Y es la adaptación de la gente a la transformación que sufre el sentido de la actividad de la ciudad, pasando del concepto de producto como generador de todo, al concepto de consumo, por lo que las preferencias de la gente se transforman junto con la ciudad entrando todo en concordancia sin aparentes conflictos.

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3.       Almere

El problema de Holanda

A lo largo del tiempo Holanda ha buscado la densificación de sus asentamientos urbanos por la falta de espacio. La escasez de espacio libre de construcciones humanas y el deseo de la población de conservar espacio libre a modo de paisaje natural y agrario holandés, son los dos factores determinantes para el comienzo del estudio de las posibilidades de densificar las áreas urbanas existentes, para evitar en lo posible agrandar aún más la mancha urbana.

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Es por esta realidad principalmente por lo que los holandeses tienen una aversión cultural hacia la ciudad dispersa. Un ejemplo de esto es la distribución de la población actual en el territorio.

Algo que preocupa enormemente a los holandeses es el hecho de que en este último siglo, la construcción de viviendas en Holanda se realizó a costa de la pérdida de territorio natural o libre. Por lo que si se sigue construyendo de esta manera, se reducirían e incluso desaparecerían este tipo de superficies de calidad.

El gobierno, tras encontrarse con este problema año tras año, en 2005 decidió que el 40% de lo que se construyera tendría que ser dentro de zonas urbanas.

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Aunque no solo existen conflictos en cuanto a los espacios libres construidos y no construidos, hay otra problemática territorial, cuya atención es objeto de rigurosos estudios para solucionarla y es la de los atascos en las infraestructuras de carreteras de las ciudades holandesas. Para hacernos una idea, la última vez que no se registraron en un día caravanas en las autovías fue en 2002.

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Cantidad de coches por 1000 habitantes (por ayuntamiento)

Para solucionar todos estos problemas, las autoridades ponen en relieve la importancia del diseño urbano. Es por lo que hoy en día hay tantas investigaciones en el país, sean organismos independientes o incluso iniciativas en los programas de formación en las universidades, sobre cómo conseguir un buen diseño y densificar con éxito.
Por ejemplo, el estudio “Holanda fabulosamente compacta” enuncia una serie de características a modo de receta culinaria, para conseguir un diseño urbano denso:

– Construir contrastes. En vez de disolver las fronteras entre construido y no construido, se propone el reforzamiento de los contrastes.

– Diseñar ambientes heterogéneos. Además de recomendarse la realización de proyectos específicos para sitios específicios, se aconseja acentuar las heterogeneidades de estilos de vida, para crear una ciudad rica en ambientes urbanos diversos.

Relación edificios e infraestructuras. El espacio utilizado por las infraestructuras de tráfico es especialmente grande y ofrece, por su uso monofuncional posibilidades interesantes. La construcción sobre vías de circulación podría resultar en sorprendentes cualidades.

– Cuidadosa zonificación del espacio público. En una ciudad compacta fluyen las funciones una sobre otra, de edificio a ciudad. El diseño cuidadoso del espacio entre el edificio y la ciudad deberá ser estudiado en todas las escalas y niveles: “el espesor del muro de fachada podría contribuir a la calidad de esa transición”

– Diseño de puntos de orientación. La orientación se pierde cuando hay una mayor concentración. Es por ello que deberán diseñarse puntos de orientación en la ciudad, que sean reconocibles desde diferentes sitios. Se podría tratar de edificaciones que por su tamaño, función y forma sean llamativos, pero también podría tratarse de vacíos, como un parque o una plaza.

– Densidad unida al terreno. No todo el mundo quiere vivir en torres de apartamentos. Es más, muchísima gente siente aversión hacia estos. Muchas veces se tiene la idea que construir en la ciudad conlleva al apilamiento. Sin embargo es posible alcanzar sin problemas una densidad de 100 viviendas por hectárea con viviendas unidas al terreno.

– Espacio para la flexibilidad. El uso monofuncional del suelo como ha ocurrido en los barrios de viviendas construidos en las últimas décadas lleva a una falta de flexibilidad. A través del uso multifuncional surge la flexibilidad. En cada diseño dentro de un área densa deberá tenerse en cuenta la posibilidad de posibles cambios de funciones en el futuro.

– Mantener los límites de la ciudad cercanos. A través de la densificación se hace posible generar el contraste entre lo construido y no-construido. La consecuencia es un reforzamiento de ambas cualidades. El “escape” de la ciudad se hace así posible a pié o en bicicleta. Esto no solo influye en la percepción del ciudadano respecto al agobiamiento que produce la ciudad, sino que además lleva a una disminución del uso del automóvil como medio de recreación.

Entre otras, estas son las ideas que han ido fraguando la ideología urbanística y arquitectónica holandesa, tras numerosos años de reflexión sobre la problemática de su país.

 

El diseño de Almere (producto de la problemática holandesa)

La ciudad holandesa de Almere fue fundada en 1976, y se sitúa en un cinturón que conecta las cuatro ciudades más grandes al oeste de los Países Bajos.

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En 1994 la Administración de Almere, inició un concurso para la construcción de su nuevo centro cívico. El programa buscaba la construcción de un centro de negocios, servicios y entretenimiento como centro neurálgico de la ciudad que potenciase la actividad, y generase buena calidad de vida y la atracción de nuevos habitantes a la ciudad. Esto implica 67.000 metros cuadrados de superficie comercial, 9.000 metros cuadrados de ocio, 890 viviendas y 3.300 plazas de parking, también una nueva biblioteca pública, un hotel, un teatro, y una combinación de programas para dar complejidad al planteamiento comercial.

Esta fue una oportunidad para aplicar todos los conceptos asimilados de la cultura holandesa sobre el diseño urbanístico, para experimentar y tomar datos reales como referencia.

 

Master Plan OMA

En la resolución del concurso OMA fue la que ganó, después de un polémico debate, por culpa de varias modificaciones y otros asuntos. Se propuso un modelo de gestión del proyecto de inversión mixta, pública y privada, en la que entraba OMA, representantes del gobierno local y el representante de los inversores privados. Y así finalmente en 1998 se comenzó el Master Plan de OMA, con las diversas variaciones, principalmente del planteamiento comercial, que presentaba sobre el diseño original de 1994.

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Los principios básicos del proyecto que iba a desarrollar OMA eran:

– Desarrollar una nueva identidad urbana para la ciudad a partir de una propuesta densa y diversa en términos de los usos proyectados.

– Integrar plenamente al automóvil a las actividades del centro, asegurando la accesibilidad a las actividades propuestas.

– Re diseñar las vías expresas de locomoción colectiva con miras a resolver la fragmentación que estas tienden a producir en la continuidad del tejido urbano.

– Investigar nuevas posibilidades de conformación de la manzana. Se asume que la solución tradicional de la red cuadriculada no es capaz de absorber las nuevas funciones y tipologías que se proponen.

– Dado que las condiciones de diseño de las estructuras comerciales están estandarizadas, los centros de comercio empiezan a parecerse cada vez más. Para que el nuevo centro de Almere se distinga y sea competitivo, se debe buscar un diseño del conjunto que le dé una identidad propia y que no dependa exclusivamente del diseño de los edificios.

– En el carácter poco denso y de baja altura de Almere, el nuevo centro debe introducir nuevas escalas y complejidades, para generar un verdadero salto cuántico en la competitividad de la ciudad.

– La toma de posición del centro debe ser reconocible desde toda la ciudad.

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Estudio de Conexiones peatonales a la ciudad (izquierda) y de las masas edificadas sobre el plano público manipulado (derecha).

Y tomando estos factores como origen de la propuesta OMA planteó concentrar todas las actividades del centro cívico, públicas y privadas, en un bloque compacto de 275 x 275 metros.

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En este, para mejorar la conectividad con la ciudad a nivel de tráfico rodado, se generaron nuevas vías de acceso al centro. Se aglomeraron todos los espacios dedicados al estacionamiento que se necesitaban debido a la actividad planteada en el nivel inferior.
En el nivel superior se planificó un parque que conectaba la ciudad con el programa de los niveles superiores.

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La cubierta del nivel inferior planteaba una doble pendiente para generar un mirador sobre el lago y a la vez sirviese de acceso peatonal.

Los servicios públicos y comerciales quedaban en los niveles superiores, por lo que eran  accesibles tanto desde el nivel inferior por los vehículos, como por el nivel superior peatonalmente. Y cada uno de los bloques, era transitable perimetralmente en su totalidad, esto y su diseño específico hacían del comercio un elemento con identidad dentro de la ciudad de Almere.

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El proyecto buscaba sobre todo el máximo nivel posible de actividades durante las 24 horas del día, cosa que se podía conseguir aplicando una de las ideas presentes a lo largo de todo el diseño, la complejidad y la densificación de los usos por agregación de capas, así que se dispuso un último nivel de viviendas, cuya idea primigenia dotaba de libertad absoluta formal con respecto del nivel inferior, ya que esto añadiría un nivel más de complejidad. Pero tras negociaciones en el transcurso de la gestión del proyecto posteriores a la resolución del concurso, esta idea fue moderada y se optó por una solución más tradicional en cuanto a lo referente a forma.

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Resultados

Actualmente Almere es una ciudad con 185.000 habitantes y en crecimiento, hace 30 años era un lugar vacío invadido por el mar. El exitoso plan de OMA ha hecho plantear el crecimiento de la ciudad como una red polinuclear de actividad de gran densidad e hibridación, y se centró en cuatros áreas de desarrollo, Almere IJ-Land, Almere Pampus, Almere Centro y ALmere Oosterworld.

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El proyecto de 1994 consiguió consolidar un centro de Almere totalmente reformado y dotado de una nueva identidad, tanto comercial como de actividad urbana. Y a día de hoy se encuentra operativo al 100% y podemos decir que la acumulación compacta y la diversificación de programas, con sus correspondientes tránsitos a nivel peatonal y de vehículos en el subterráneo, generan conexiones complejas entre los programas y establecen nuevas relaciones fruto de la interacción social entre los diversos usos. La estancia de los lugares, se convierte en un evento en sí mismo.

En cuanto a su gestión, el integrar desde el principio entidades públicas y privadas, Almere posee una gran flexibilidad en su proceso evolutivo y de desarrollo. Además el depender de estas diversas fuentes de ingreso, hace que encuentre por naturaleza su adaptación al mercado actual, en los diferentes escenarios políticos y económicos.

Todas las cualidades del Master Plan de Rem Koolhas, hacen de Almere sin pretenderlo en un inicio, un perfecto centro comercial abierto, o un bulevar comercial. Todos los lugares concretados como espacios públicos se estudian por su efectividad en sus funciones como lugares de ocio y consumo, a la vez de hibridar una gran variedad de usos, tipologías a distintas escalas, y por ello establecer una compleja red de conexiones. Lo que atrae a una gran variedad de gente e impulsa a la propia ciudad a crecer y evolucionar como tal.
Otro factor por el que es similar a un gran centro comercial abierto se percibe cuando se analiza el modelo de administración del proyecto y se revisa el protagonismo de los agentes involucrados, ya que se establece una estrecha relación entre el desarrollo y el capital de inversores privados, por lo que dibuja una fina línea entre dos situaciones, una en la que existe una diversidad real y otra en la que esto simplemente es una ilusión.

Este proyecto, puede ser que defina una nueva forma de crear espacios urbanos, en la incesante batalla por encontrar un espacio público o semipúblico efectivo, en la que uno a uno todos los ejemplos de espacio como las galerías comerciales, ejes comerciales, plazas de comercio, centros comerciales, etc. pasaron o están pasando de moda.

 

Factor Económico

Las estrategias que se siguieron en el Master Plan de Almere han sido como se explica anteriormente una organización rigurosa de la gestión de los medios, producto de una red de fuentes de capital, en la que, al no provenir del mismo sector ni del mismo organismo, posibilitaba su adaptación a los marcos políticos y el mercado del momento.

 

Factor Cultural

Todo el proyecto transforma el entorno urbano teniendo en cuenta toda la carga cultural holandesa. Dota de identidad al espacio comercial y lo relaciona con todos los usos del programa, creando un segundo plano para el tráfico producido por toda esta actividad.

 

Factor Medioambiental

Por su densificación, el planeamiento de OMA reduce la superficie de actuación al 50% de la superficie planteada en un inicio cuando el ayuntamiento de Almere saca a la luz el concurso en 1994. Esto, entre otras cosas, permite preservar espacios vírgenes o los ya utilizados emplearlos para otros fines, no es solo un proyecto que preserve el espacio, sino que marca el principio de una manera de diseñar urbanismo compacto y más eficiente.

 

Factor Social

La densificación e hibridación de los espacios, posibilita tener espacios públicos libres donde se crean complejas conexiones provenientes de la relación social, y los flujos de personas entre usos.

Análisis y Conclusiónes

Tras el análisis de estos tres casos específicos donde describimos 3 posturas diferentes en cuanto a la actividad comercial, podemos observar que para que un modelo de transformación urbana a través del comercio funcione, tiene que estar siempre respaldado por un complejo y organizado sistema de gestión de los recursos económicos, durante su ejecución y durante su vida útil, y proveniente no de un solo sector inversor, y un sistema de gestión de espacios acorde con la cultura y las necesidades de la ciudad.

También debe estar evolucionando acorde con la mentalidad ciudadana y responder a las inquietudes de su conocimiento, producto de la memoria social y cultural del colectivo.

Y por último tiene que crear una imagen que concuerde con los prejuicios de la postmodernidad, ya sea una imagen banal y carente de significado, pero comercial y llamativa, o con un significado real y profundo fruto de  un estudio.

En cuanto a la regulación y gestión de los centros comerciales en relación a la ciudad, cabe destacar que, el estudio del grado justo de prohibiciones o incentivos para los centros comerciales, o el comercio minorista, es esencial. Ya que una correcta regulación de la aparición de los centros comerciales en el tejido urbano, puede revitalizar el comercio en todas sus vertientes. Pero una excesiva retención del crecimiento de los centros comerciales podría significar un avance lento y un estancamiento en el crecimiento económico de la ciudad postmoderna actual. Por el contrario, una liberalización total de la construcción de centros comerciales, puede acarrear una destrucción del comercio minorista y de algunas de las grandes superficies comerciales por el exceso de competencias.

Lo que es seguro, es que estamos en una época de cambio de los centros comerciales en todas sus variables. Aun siendo jóvenes, relativamente, evolucionan a gran velocidad por su implicación social, y es ahora cuando se ven las consecuencias de la aplicación de sus tipologías en diferentes entramados urbanos, y cuando tenemos la oportunidad de adaptar este modelo, hasta hace poco estático conceptualmente, a la cultura y características del lugar donde se inserta.

 

Fases de evolución y adaptación de los Centros Comerciales actuales

Desde la primera teoría de Victor Gruen para la creación de estas infraestructuras llamados centros comerciales (en aquel entonces tratados realmente como centros suburbanos o metropolitanos), podemos observar como estos evolucionan dando como producto una seriación de modelos de centro comercial orientados exclusivamente hacia el consumo y cada vez con más SBA y más variedad de prestaciones, quedando totalmente obsoletas las grandes infraestructuras que menos variedad de producto ofrecen.

Esta evolución la podemos clasificar en 4 etapas: Innovación, desarrollo acelerado, madurez y declive.

La importancia de estas infraestructuras a nivel social y cultural en las ciudades, hace que sean un motor de cambio de gran importancia.

En España una cuarta parte del PIB del sector comercial, proviene de los centros comerciales, lo que muestra lo importante que es para la economía funcional su correcto funcionamiento y por tanto el estudio para que esto se cumpla.

En esta constante reinvención de los espacios, los tejidos urbanos y grupos sociales del lugar han experimentado a lo largo del tiempo distintas reacciones ante los centros comerciales, estas se podrían clasificar en:

– Crecimiento dócil/dispuesto: Se da en comunidades receptivas al crecimiento sea cual fuere la fuente. Acostumbran a ser comunidades en declive económico.

– Crecimiento controlado: Se da en comunidades que limitan el tipo y tamaño de la nueva actividad en la zona mediante normas reguladoras. Acostumbra a tratarse de zonas con niveles altos de ingresos con un nivel de implantación elevado en las decisiones sobre los usos del suelo.

– Crecimiento dirigido: Estas buscan un equilibrio entre las demandas económicas y la presión al crecimiento mediante consenso.

Se están planteando unos centros comerciales mixtos cuya actividad no sea solo comercial, como es el caso Almere, sino que recupere ciertas ideas primigenias del modelo de centro metropolitano o suburbano y  que dote al centro comercial de un valor añadido tanto para el ciudadano como para el turista. Donde los valores deportivos, culturales y de ocio sean potenciados.

 

La reinvención del centro comercial

Como hemos expuesto anteriormente, el centro comercial desde sus inicios ha experimentado un proceso en el que ha experimentado numerosas transformaciones para lograr el objetivo de atraer al público a toda costa.

La mayoría de los centros comerciales actuales se encuentran en la etapa de madurez o declive, ya que responden a modelos anticuados, que no han sabido responder al paso del tiempo por su naturaleza efímera y por la fuerte competitividad que sufren entre ellos.

He ahí la importancia de conocer los factores que más influyen en los clientes a la hora de decidirse por un centro comercial u otro.

Parece no existir duda de que en la elección de un centro comercial influye la imagen, cuya naturaleza reside en la desvinculación de cualquier significado, para entrar en consonancia con la cultura postmoderna de la sociedad y atraer al máximo número posible de usuarios, la variedad y otras características físicas, como el tamaño, que se traduce en cantidad de oferta, o la distancia a recorrer hasta este.

Los factores no espaciales son también especialmente valiosos, sobre todo en la búsqueda de la imagen para diferenciarse de sus rivales. Como por ejemplo el concepto de la tienda ancla, donde una gran cadena de supermercados o una gran superficie comercial especializada, atrae a grandes masas de gente y genera permanentemente actividad.

Aun así, parece que los usuarios comienzan a cansarse de los grandes centros comerciales que no ofrecen ninguna mejora o diferencia sobre otros, al margen de ser más grandes y ofrecer más productos.

Una nueva posibilidad de centro comercial podría ser la búsqueda del centro mixto, capaz de integrar en su oferta comercial iniciativas deportivas, culturales y de ocio. De esta manera no solo se lograría un centro comercial con un enfoque innovador con mayores beneficios, sino que se minimizarían los efectos negativos que pueden derivarse de éste y atraer a un mayor abanico de consumidores.

Además esto daría la oportunidad a los diseñadores de tener en cuenta conceptos como la densificación y el aumento de la complejidad de los espacios, hacer estudios de situación en nuevos planes urbanísticos para estas infraestructuras. Fragmentando la actividad en diversos núcleos que crecerían para formar redes de actividad. Y dotar de un sentido más trascendental e implicado en la cultura del lugar, a la imagen del centro comercial, entre otras cosas.

Todo esto eliminaría dos problemas muy importantes que se han repetido a lo largo del siglo XX, con la importación del modelo de centro comercial americano a las ciudades europeas, que son, el problema de la lentitud en las reflexiones sobre los impactos e implicaciones del centro comercial, en contraposición a la rapidez de su expansión. Y por otro lado, el tratamiento de la historia a modo de “souvenir” en la imagen comercial de la postmodernidad, y no como soporte material de una identidad.

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