Este artículo trata parte de la evolución del urbanismo comercial en territorio francés y cómo le han afectado al mismo tanto las decisiones políticas como los cambios en las costumbres y necesidades de los ciudadanos. El caso, en términos sociales, es muy parecido al español, por lo que nos resulta de utilidad en comparación con nuestra zona.

Como ejemplo de una de las fases de esta evolución he seleccionado “Les Passages de l’Hôtel de Ville” (Los Pasajes del Ayuntamiento), en Boulogne-Billancourt, junto a la ciudad de París. Este proyecto consigue introducir un centro comercial en el centro urbano mezclándolo con gran acierto con otros usos programáticos. En este caso, la integración en la ciudad ha sido muy satisfactoria.

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CONTEXTO COMERCIAL FRANCÉS

El nacimiento del comercio moderno francés se debe a Aristide Boucicaut, quien, en 1852, establece los primeros grandes almacenes –“Bon Marché”– en la ciudad de París.

A partir de ese momento, se pone la primera piedra para que a lo largo del tiempo la balanza del com

ercio francés empiece a decantarse a favor de las grandes superficies en detrimento de las formas tradicionales de comercio.

Es en los años 90 cuando comienza la preocupación francesa por el daño realizado al comercio tradicional y cuando empiezan a establecerse medidas para su conservación.

En 1996 se aprobó la ley Raffarin para reequilibrar el comercio. Gracias a ésta, tanto las grandes cadenas como las PYMES comerciales se empezaron a situar en el centro de las ciudades en lugar de en las periferias, por lo que se revitalizaron en gran medida.

Esta ley proponía una gran restricción a la hora de plantear proyectos comerciales con una superficie mayor de 300 m2.

Además, se aprovecharon del pensamiento que empezaba a generalizarse de que las compras en las grandes superficies comenzaban a convertirse en una tarea rutinaria más que en una diversión. Asimismo, los centros comerciales comenzaban a ser un lugar repetido una y otra vez en el que las mismas marcas se organizaban de la misma manera en todos los casos.

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El impacto inicial de la ley Raffarin es enorme en el número de proyectos comerciales en Francia

Esta tendencia positiva es complementada en el año 2000 con la Ley de Solidar

idad y Renovación Urbana y en el 2007 con la ley Grenelle, que pone sobre la mesa temas ecológicos y de eficiencia energética. En este periodo, existe una preocupación por reforzar la coherencia de políticas urbanas y territoriales y se hace hincapié en el papel estructurante del comercio en las ciudades.

Sin embargo, el comercio se encuentra con dos problemas. El primero, la falta de evolución de la ley Raffarin, por lo que va perdiendo influencia en el mercado. Y el segundo, la ley de Modernización de la Economía, coincidiendo con la presidencia francesa de la Unión Europea y bajo las presiones alemanas, hace que el límite de 300 m2 se eleve hasta los 1000 m2.

Esta última hace que en cuatro años, el número de proyectos en los exteriores de las ciudades se dupliquen.

Su consecuencia es la aparición de establecimientos desiertos por toda la geografía francesa de la misma manera que ha pasado en nuestro país. Esto supondrá que sólo aquellas superficies comerciales que ofrezcan un valor añadido sobre las demás conseguirán mantener su éxito.

Al mismo tiempo, el comercio tradicional urbano pierde afluencia. Y es en este momento cuando el comercio busca reinventarse.

Por un lado, las grandes superficies comerciales buscan parecerse lo más posible a una ciudad autónoma. Por otro lado, el comercio tradicional intenta dar todo lo que los centros comerciales pueden ofrecer añadiendo sus propias ventajas. En definitiva, se destaca que todos intentan evolucionar para no quedar atrás con los cambios acaecidos en la sociedad.

CONTEXTO URBANO

Es dentro de este contexto de comercio francés que se realiza el proyecto de los “Passages de l’Hôtel de Ville” en Boulogne-Billancourt.

La ciudad en la que se encuentra es un núcleo urbano de 115.000 habitantes muy cercano a la capital francesa, convirtiéndose prácticamente en un barrio de las afueras de París con autonomía propia.

La situación de la localidad se puede asemejar a la situación que se da actualmente entre el norte d

e la ciudad de Alicante y el resto de la localidad. Si bien es cierto que el nivel económico de los habitantes de Boulogne-Billancourt es medio-alto, no como sucede en la parte norte de Alicante, siempre ha existido una fuerte división entre el norte y sur.

La parte sur y la parte norte boloñesas han funcionado durante mucho como unidades bastante independientes pese a formar parte del mismo municipio y estar físicamente unidas. Había una gran diferenciación entre sectores muy residenciales y partes muy marcadas por la creación y desarrollo de empresas industriales aeronáuticas, automovilísticas e incluso armamentísticas.

Y es a partir de la liberación de algunos de estos terrenos donde se encontraban las industrias cuando surgen algunos terrenos libres en medio de la comuna. Hasta 1995, muchos de estos terrenos no eran construibles. Sin embargo, ante la decadencia progresiva en la vida del centro de la ciudad, hay terrenos que son recalificados, como el de este proyecto, para poder introducir elementos tales como el comercio, viviendas y oficinas que lo revitalicen.

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Este gráfico muestra la construcción de oficinas anterior y posterior a las leyes publicadas y a la creación de los ZAC. Vemos como, además del incremento en su construcción, se localizan en puntos determinados frente a la dispersión inicial.

El mismo hecho se ve reflejado en la construcción de viviendas, si bien es cierto que éste es menos pronunciado.

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En cuanto al proyecto de la ZAC del centro-ciudad, en su vertiente comercial, está concebida a la vez como plaza pública, como centro comercial, como lugar de encuentro, como cruce de calles cubiertas y como lugar de paso.

En cuanto a la tradición comercial de la zona, son muy conocidos los pasajes comerciales de la ciudad de París, los cuales empezaron a aparecer a finales del siglo XVIII y que actualmente siguen formando parte del tejido comercial parisino.

HISTORIOGRAFÍA

El centro comercial es parte d

e un plan urbano para completar un espacio libre de gran tamaño que quedaba en el centro del municipio. Este espacio correspondía a lo conocido en Francia como ZAC (“Zone d’Aménagement Concerté”). La característica más importante a destacar de este modelo es que está referido a operaciones de carácter público.


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El proyecto constaba, entre otros, de una biblioteca, un cine, un museo, viviendas destinadas al alquiler social o el centro comercial nombrado.

 

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Éste trata de convertirse en un polo atractor a la escala de la ciudad a partir de completar las estructuras comerciales existentes incorporándolas a un sistema urbano global. Se hace tras analizar la lógica urbana y comercial de la ciudad.

Se propone una estratificación funcional mezclando flujos circulatorios, comercios de distinta escala, vivienda y distintas actividades.

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Las viviendas mantienen sus entradas a nivel de calle mientras que el centro comercial se forma uniendo distintas manzanas y aprovechando los bajos de éstas. Se sitúa sobre un tejido urbano ya existente con anterioridad.

En un principio, los comercios que se situaban en las inmediaciones se oponían al hecho de incluir nuevos comercios en la zona por miedo a perder clientes en sus negocios. Sin embargo, este hecho quedó desmentido al ponerse todo el sistema en funcionamiento, atrayendo el establecimiento 12 millones de visitantes al año.

Lo que podría parecer el fin del comercio de alrededor se convirtió en un potente foco de atracción que ha terminado ocasionando más visitas en los mismos a la vez que el centro comercial se convirtió en un éxito.

CONCLUSIÓN

Este proyecto consigue su éxito a partir de aprender del lugar y darle una vuelta a su historia. Se consigue imaginar algo que ni reproduce el pasado tal cual ha existido con anterioridad, ni copia literalmente nada que funciona en otro lado.

Su mayor fortaleza es ser un elemento creado a partir de un municipio y para un municipio en particular.

En cuanto a la conciliación de la ciudad con el comercio, hay ciertos principios de base que hay que respetar para que el conjunto funcione de manera adecuada.

-El primero es que toda planificación rígida de actuaciones comerciales tiende a caducar.

-En relación con el anterior, hay que destacar que el fin no debe ser preservar el comercio tradicional de la misma manera que lo ha hecho siempre, sino apoyar su evolución para que no muera y sea capaz de adaptarse a los tiempos.

-La mentalidad y las necesidades de los clientes van variando y hay que adaptarse. Se empieza a requerir que haya presencia de diversidad de tiendas de la misma rama situadas juntas hoy en día. Sin embargo, esto no tiene que ser necesariamente situado en un centro comercial periférico y se puede llevar al comercio de los centros urbanos.

-Las zonas comerciales tienen que estar equilibradas entre ellas. Hay que tener en cuenta el público al que está destinado en cuanto a número como a nivel de recursos para que pueda funcionar. Si se establece una malla comercial demasiado densa será muy inestable.

-La renovación del comercio en zonas degradadas ayuda al desarrollo de la ciudad en su conjunto, ya que atrae más actividad a las mismas.

Culturalmente, se ha tenido en cuenta la tradición comercial de la zona, con la que los habitantes de la ciudad se sienten muy identificados. El sistema de comercios situados en pasajes es muy característico de su zona.

Además, se ha creado un elemento muy representativo para la ciudad que la ha dado a conocer. Esto ha pasado tanto con los alrededores, de donde llega público al municipio, como con el exterior, ya que el centro comercial ha recibido premios de carácter comercial franceses y europeos.

Por otro lado, por su localización y atracción de población, ha conseguido reagrupar la ciudad y hacer las veces de cosido entre las zonas norte y sur, las cuales funcionaban de manera independiente teniendo cada una sus propios equipamientos.

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Económicamente, se ha conseguido que grandes marcas hayan invertido allí antes incluso que a París atraídas por el éxito de afluencia de la zona.

En cuanto a los comercios ya existentes, al colocar un foco de atracción tan importante, han visto incrementado su número de clientes y sus ingresos en el último año.

Socialmente, el proyecto ha creado empleo en la zona tanto en su construcción como a posteriori.

En cuanto a su localización, ésta está muy estudiada para formar parte del día a día de la población del lugar. Estos pasajes se sitúan de manera que parte importante de los flujos peatonales del centro urbano se realizan por su interior. Se unen puntos importantes como la Grand Place, donde si sitúan elementos característicos de la ciudad como el mercadillo de navidad –muy típicos y de gran importancia en la mayoría de países centroeuropeos-, la oficina central de correos o el ayuntamiento.

Además, el hecho de juntar actividades tanto comerciales en los bajos como residenciales y de oficinas en la parte superior hace que esté en continuo movimiento y que no pierda vida. Funciona un poco de la misma manera que una calle con comercio tradicional.

Por último, cabe destacar que se ha utilizado una intervención eminentemente comercial para colocar también una serie de viviendas sociales con un precio bajo de alquiler que ocasiona también que haya una mezcla de grupos sociales.

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Los pasajes comerciales unen puntos de interés de la ciudad

Medioambientalmente,  se ha conseguido generar mucho movimiento en un espacio que estaba abandonado dentro de la ciudad. El hecho de mezclar actividades en un mismo lugar facilita el cuidado de la zona y que no quede apartada ni desierta en ningún momento del día, haciendo un mejor aprovechamiento del espacio urbano.

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